Detrás de un diamante de laboratorio no hay una mina. Para los de mina existe el Proceso de Kimberley, pero ese sistema solo considera “diamantes de conflicto” a los que financian a movimientos rebeldes contra gobiernos legítimos.37 La ONG Global Witness lo abandonó en 2011 porque, según dijo, el Proceso había fracasado en Costa de Marfil, Venezuela y Zimbabue.38
There’s no mine behind a lab-grown diamond. Mined diamonds fall under the Kimberley Process, but its definition of “conflict diamonds” covers only those that fund rebel movements against legitimate governments.37 In 2011, the watchdog group Global Witness withdrew from the Kimberley Process, saying it had failed in Côte d’Ivoire, Venezuela and Zimbabwe.38
Según un estudio revisado por pares publicado en 2021, que compara el laboratorio con la minería, una prensa HPHT moderna consume unos 36 kWh por quilate de diamante en bruto, frente a los 96–150 kWh de la minería: la minería consume entre 2.7 y 4 veces más energía.39 Otras estimaciones sitúan el HPHT entre 75 y 150 kWh por quilate, así que la diferencia puede reducirse mucho, o desaparecer, según el fabricante.40 Y las emisiones varían, sobre todo, según cómo se genere la electricidad.41
According to a peer-reviewed 2021 study comparing lab growth with mining, a modern HPHT press uses about 36 kWh per carat of rough diamond, versus 96–150 kWh for mining: mining uses roughly 2.7 to 4 times as much energy.39 Other estimates put HPHT at 75 to 150 kWh per carat, so the gap can narrow sharply, or vanish, depending on the producer.40 And emissions depend mostly on how the electricity is generated.41